Las luciérnagas me susurran esta noche que deje los versos como están, sin terminar, y vaya corriendo hasta tus brazos. Que cuando hayamos hecho el amor tendremos más sentimiento que añadir a la poesía y la métrica, aunque no perfecta, volará libre hacia el cielo.
Es noche cerrada, la temperatura es cálida y las estrellas se han mudado de ciudad. Pero a mí no me importa en absoluto, porque vivo en pleno día cuando tú estás cerca.
Mi pulso se acelera, mi corazón ya no responde y mi boca sólo tiene palabras para ti. La literatura lleva tu nombre y la fotografía refleja mi eterno frenesí.
Voy a desvelarte que, aunque sea tarde, eres pensamiento las veinticinco horas de mis días.
Y por eso voy a hacerle caso a las luciérnagas y en cuestión de once minutos y medio, estaré allí. Junto a tu boca.

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