Me fumo los billetes de dólar de tres en tres. Hace tres días compré un apartamento en Malibú. Ahora está sucio. Malboros, Daniels, tachuelas y libros con páginas quemadas esparcidos por el suelo. ¡Oh, mírame! Soy lo más selecto de lo selecto. Me forro con tu trabajo y te doy patadas en el culo como a fiestas me invitan. Me follé a tu jefe encima de su billar. ¿Notas ese olor? Huelo a podrido. A fama chamuscada. Y me encanta. A Chanel número 5. A Manolos' nuevos. Barandillas de oro, esquinas de mármol. Ajedreces de Swaroski. Partidas de póker donde lo que se apuestan son seres desgraciados que buscan la cura a la locura. Donde conseguimos llegar al cielo. Y de paso también nos lo fumamos. ¿Alguna vez probaste a hacerte la manicura con diamantes? ¿Quizá te as bañado en una piscina de oro líquido? ¿As llegado a probar el sabor del caviar con champagne? ¿No? Lástima. No te miento si te digo que me encanta. Me encanta oler a dólar.
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