Existe un momento en el que te planteas las cosas seriamente. Ese momento es como la fase rem de los sueños. Un momento en el que las ideas son frescas y los recuerdos sumamente claros. Y te pasas el momento analizando, estudiando, pensando en profundidad. El miedo hacia la vida, hacia la gran escala de las sombras, se vuelve embustero e inoportuno. No pensabas que el valor fuera tal. Dicho momento se encoje, se alarga, cambia su estructura hacia una vertiginosa forma. Ya no existe dolor, solo ilógica. Ya no hay negrura, solo paz. Ahí, ahí es cuando las ideas son claras y podemos ir resolviendo, presentando conclusiones: nada es ya importante. No hay tal ser, ni tal objeto, ni tal momento tan preponderante como para considerarlo primordial. Así nada tiene sentido, no. No, no. No. No. Y dices adiós al amor, al cariño o a la nostalgia.

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